KLARA MIKAELA ZUÑIGA AYLLAPAN TAÑI CHUCHU EM TA GVXAM (Para vencer al olvido, traigo a mi mente a mi chuchu em) Por Ignacio kallfvkura

El mapuche tiene la buena costumbre de conversar entre si. Cada vez que se junta, conversa y se conoce. Se pregunta de dónde viene. Se presenta, conversa en respeto y de ahí de a poco, se va llegando a la conversación sobre los abuelos. El mapuche habla de sus abuelos.

La figura de los abuelos es de tremenda importancia en la cultura de los mapuche y es el resultado de vivir en comunidad y de darle valor a las personas más que a lo material.

Mi intención, por lo mismo, es hablar de mi chuchu, mi abuela materna.

Inche ta ñi chuchu, inche ta ñi ñuke ñi ñuke, inche ta ñi kvpan ta ñi ñuke mew ta Klara.

Mi abuela materna fue Klara.

Hermosos recuerdos tengo de ella.

Recuerdos que no quiero perder.

Recuerdos que me hacen ser un wenxu mapuche.

La conocí, tuve el honor de conocerla y recibir su consejo y conversación, recibir sus valores.

Mi abuelita Klara nació en Wallmapu, donde nació, creció, vivió y murió.

Ella fue hija de Manuel. Mi bisabuelo como mapuche era polígamo por eso tuvo tres esposas.

Mi chuchu es hija de la tercera mujer llamada Pangi (Puma).

Pangi Ayllapan Kapitan.

Mi abuelita fue una niña y mujer mapuche que durante su adolescencia y juventud tuvo la característica de ser una de las lindas zomo en su mapu.

 Ella fue la ñuke de mi ñuke.

Yo la recuerdo ahora, mucho tiempo después de que se fuera.

Es mi responsabilidad recordarla.

Nuestros mayores nunca nos dejan.

Yo la visitaba cada verano en la mapu junto mis hermanos y primos.

Ella nos visitaba durante el año.

Su imagen la tengo en mi piwke, en mi corazón.

La veo en mis recuerdos.

Mi abuelita Klara era una mujer seria.

Era baja, delgada, silenciosa, de carácter y cariñosa.

Eso es lo que puedo recordar de manera inmediata.

Mi abuelita hablaba mal el español, cosa que me parece hermosa porque su primera lengua siempre fue el mapuzugun.

Newen nuestro. Recuerdo que cuando se refería a mi tía Juana, no decía “Juana”, sino “Kuana”, tal como es la fonética mapuche, que es extranjera al castellano.Cuando me nombraba no decía “Nacho”, sino “Ñachu”.

Mi chuchu fue una mujer magnífica.

Una completa zomo mapuche.

Se vestía como papay que era.

Siempre con su chamall y su xariwe.

Sobre eso estaba su delantal floreado con tintes verdes.

Impecable.

Para vencer al olvido, hablo de mi chuchu em.

Nosotros los mapuche hablamos de nuestros abuelos que son nuestro origen,

nuestra sangre, nuestro mollfvñ, nuestro ADN, nuestro Az.

Mi chuchu era una grande tal como lo han sido las chuchu de mis peñi y mis lamgen.

Recordar, traer hacia el presente a los que nos han dado la existencia, a los que nos han formado el pensamiento con su acción.

De esta manera hay que hablar.

Mi chuchu siendo mapuche siempre actuó como tal, es decir, siempre dio consejos y conversaciones acerca de lo que nosotros somos. Nos decía por dónde pasar y por dónde no. A qué hora andar fuera de la ruka y a qué hora estar dentro.

Nos enseñaba a no ir a lugares donde había weza newen, lugares peligrosos.

De a poco nos fue dando su conocimiento.

Silenciosa como era, su carácter se impuso muchas veces y mis hermanos, primos y yo, recibimos sus retos y palabras duras por ser niños que aprendían.

Mi madre siendo hija de mi chuchu aprendió los secretos de la mapu, lo bueno y lo malo.

Mi ñuke aprendió a ser una buena persona, aprendió a ser gente, a ser CHE.

Eso lo obtuvo de mi abuela.

Mi ñuke me traspasó lo aprendido durante todo el transcurso de la vida cotidiana.

Nunca me di cuenta bien de eso hasta que fui grande.

Ahora lo veo y me alegro.

Ahora veo la importancia de mi chuchu.

Mi ñuke siempre nos enseñó a amar a nuestros mayores.

El amor hacia alguien se aprende.

Los niños mapuche son educados en amar a sus abuelos.

Nosotros los mapuche veneramos a nuestros mayores.

Esa es la razón de que yo siempre haya amado a mi chuchu.

Mi ñuke me enseñó a amarla, de hecho, me lo impuso y yo como hijo obediente, entendí que eso era bueno y estaba bien.

Los valores mapuche son la base de nuestra conducta y esos valores se reciben desde otros mapuche.

Si hablo de mi chuchu es porque ella es importante para mi.  Yo vengo de ella.

Mi chuchu es la madre de mi madre, ¿cómo podría yo no darle importancia a esa relación?

Klara, mi chuchu, actuó siempre como buena persona.

Ella tuvo diez hijos de los cuales sobrevivieron cinco.

La vida no era fácil luego de que nos robaran la tierra los wingka.

A sus hijos los cuidó y crió.

En mis recuerdos mi chuchu está siempre presente y me da su newen y consejo.

No quiero olvidarla, pero el tiempo pasa y todos vamos perdiendo detalles de las cosas.

Como mapuche que somos eso no puede pasar por eso cada vez que hay gvxam salen nuestros mayores a la conversación.

Para no olvidarla, la miro en las pocas fotos que tengo de ella.

Me concentro también en los momentos que estuvimos juntos cuando ella me hablaba.

Trato de recordar y ver cada detalle.

Lo logro, veo cosas que se me habían escapado.

No es lo mismo olvidar que olvidarse.

Olvidar es una acción voluntaria.

Nosotros olvidamos las cosas que no queremos tener presente.

Decidimos que no deben estar en nuestros pensamientos. Eso es olvidar.

Olvidarse, en cambio, es una acción involuntaria, es una acción que escapa a nuestro deseo.

Nosotros nos olvidamos de hacer cosas y de repente al aparecer alguien, nos acordamos.

Olvidar en mapuzugun es UPEN.

Olvidarse es GOYMAN.

Nosotros, mapuche como somos, no olvidamos a nuestros abuelos ni nos olvidamos de ellos.

¡Goymalayaiñ ka upelayaiñ rume taiñ pu fvtakecheyem!

El mapuche tiene siempre presentes a sus abuelos y cuando se encuentra con sus peñi y lamgen de ellos habla.

El mapuche habla de sus abuelos como tema constante.

Mi linda chuchu está en mi piwke, está en mi rakizuam,

Mi chuchu está conmigo en el recuerdo de sus palabras.

No puedo olvidarla porque entonces yo no sería mapuche.

Ahora recuerdo también que mi chuchu estuvo junto a mi madre cuando yo nací por esa razón le decía a mi ñuke que yo era su hijo.

Ella quería que mi madre me regalara para criarme. Cuando yo la visitaba siendo niño, ella me hablaba. Yo trataba de ayudarla en las labores cotidianas.

Íbamos juntos a buscar agua al pozo. Bajábamos una ladera de cerro con baldes metálicos cada uno.

Recuerdo que una vez, mirándole los pies descalzos, le dije, en mi inocencia, algo que fue para la risa (de ella).

La veía caminando siempre descalza. Con sus pequeños pies pisaba la mapu y no tenía ningún problema.

Yo, niño como era, le miraba siempre los pies.

Le pregunté “Abuelita, ¿por qué anda sin zapatos? ¿No tiene zapatos?”

Mi chuchu me respondió sonriendo “No, no tengo”, lo cual no era así, pues ella tenía en casa un montón de zapatos que se ponía cada vez que iba al pueblo. Esa vez me dijo que no para saber qué diría yo.

Yo me sentí mal, en ese entonces yo no entendía que el mapuche de la generación de mi chuchu, mapuche auténtico, no necesitaba de zapatos cuando se trataba de andar en la mapu. Le dije “Yo cuando sea grande le voy a comprar zapatos, abuelita”, mi chuchu se rió y me tomó de la mano más fuerte, entregándome más cariño. En esa época yo tenía cinco años.

Nunca pude cumplir mi promesa.

Ella partió al otro lado del mar antes de que yo fuera adulto.

Otro recuerdo tengo, Klara, mi chuchu, crió a mi prima Pilar como hija por eso ella como mapuche zomo criada por sus abuelos tuvo una formación como che.

Las cosas buenas que mi chuchu me dio fue siempre junto a lo bueno que mi prima nos dio también.

Mis tíos y tías son el producto de mi chuchu y mi chezki. Son grandes personas, son gente amable, cariñosa.

Mis hermanos, primos y yo vivimos la experiencia de ser nietos mapuche que escuchaban conversaciones en mapuzugun directas de sus abuelos.

Muchas veces comimos con mis hermanos y primos alrededor del kvxalwe, el fogón, con ojos llorosos a causa del humo.

Sentados sobre xelke ufisa mientras mi abuelo Ramón y mi abuela conversaban entre ellos en mapuzugun.

Maravilloso era entonces disfrutar de los huevos fritos, huevos de campo con yema naranja y yiwiñ kofke, sopaipillas.

Llorábamos mientras escuchábamos la conversación en mapuzugun.

Llorábamos por el humo, pero nos acostumbrábamos.

La luz que nos envolvía era desde el fogón y desde los chonchón, lámparas a parafina.

Klara, mi chuchu, nos hacía korv, cazuelas de achawall.

Esas cazuelas tenían un sabor ahumado y sabor a la natural y sana agua de pozo.

Ese sabor es insuperable.

La ruka de mi chuchu tenía fogón y el humo inundaba todos los espacios al mismo tiempo que daba su olor a nuestra ropa, zapatos y pelo.

Nuestro recuerdo está impregnado de humo.

Para que no olvidemos, el humo nos trae esos bellos recuerdos al sentirlo otra vez en la nariz.

Nuestros recuerdos son sensoriales.

Fuera, en los alrededores de la ruka había olores característicos.

Olores que un mapuche conoce bien: olor a humo, a viento, a árboles, a polvo, a cereal, a hierba, a buey, a sañwe, a ufisa, olor a perro, a madera, a mewaka, a achawall, a fritura, a cuero, hay olores que solo se sienten una vez y quedan en el recuerdo.

Inche ta ñi chuchu, Klara Zuñiga Ayllapan em, mvna fvta mapuche zomogefuy tati.

Ayvwkvlen tañi chuchugeal mew.

Es muy hermoso ser parte de esta historia mapuche.

Como dije antes, mi chuchu nos dejó cuando yo aún no empezaba a trabajar.

Se fue una fría y lluviosa madrugada de junio.

Yo era un muchacho.

Estas palabras las expreso para destruir el olvido.

Pu peñi, pu lamgen hablemos de nuestros abuelos.

Que nunca se termine su presencia en nosotros.

Traerlos a la conversación es costumbre mapuche,

Refuerza nuestro ánimo y nos da paz.

Hablar de nuestros mayores es lo que han hecho nuestros fvtakecheyem siempre.

Eso es nuestro deber y nuestro newen.

Yo, por mi parte digo que mi chuchu me dio el mapuchegen.

Me dio amor, cariño y consejo.

De ella vengo.

Como su gente que soy, la recuerdo.

Femgechi may ta zewmakey ta kvmekeche.

Chuchu em,

Nunca te hemos olvidado.

Estás en nuestro piwke, chuchu.

Chuchu, estás en nuestro rakizuam

Nunca te has ido.

Chuchu em,

Ilumina nuestro camino.

Guía nuestros pasos.

No nos dejes solos.

Estás dentro de nosotros.

Tu legado se perpetúa en nosotros y mapuche somos por ti.

¡Mapuchegey ta che ñi xem mew!

Mi chuchu ilumina el cielo entre las estrellas.

En nuestro cielo, ella es una estrella.

Mi chuchu nos hace ver más verde la hierba de la mapu con su presencia.

Con su fuerza brotan más fuertes las flores de su huerto.

Mi chuchu resfresca nuestro piwke, nuestro ánimo, con el viento y nos trae en él las antiguas palabras sabias y nos hace recordar el AZMAPU.

Nuestra chuchu Klara Mikaela está presente en el rojo intenso de nuestro mollfvñ y siempre así será en sus hijos, nietos, bisnietos y hasta el infinito.

Hermosa Klara.

Newentuleaiñ tami newen mew, chuchu!

Yafulkvleaiñ tami gvlam mew!

Mapuchegein fewla tami mollfvñ mew!

Chuchu, eres inmortal porque vives en nosotros.

Y nunca te irás.

Para vencer al olvido, hablo de mi chuchu em.

Para vencer a la muerte.

Eso no más.

Feley may ta zugu.

Felepe may ta zugu.

Afi.

Mapuche Ta Inchiñ II

Mapuche Ta Inchiñ III

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