Inscripción Grabada Sobre La Gran Puerta de Thélème de François Rabelais. Versión de Teresa Suero & José M. Claramunda.

Aquí jamás entréis los hipócritas, necios,
viejos fariseos, fingidos míseros,
farsantes, papanatas más que los godos
y ostrogodos, precursores de los magotos,
petates, santurrones, camanduleros con pantuflas,
indigentes arropados con pieles, frailes licenciosos y gorrones
befados, engreídos, camorristas;
idos a otra parte a vender vuestros abusos.

Vuestros malos abusos
llenarían mis campos
de maldad,
y, con doblez,
turbarían mis cantos
vuestros abusos malos.

Aquí nos entréis, escribanos zampatortas de heno,
clérigos, pasantes, falsos amantes del pueblo,
provisores, escribas y fariseos,
jueces antiguos que a los buenos clientes
atáis como si fueran perros;
vuestro salario está en el patíbulo.
Id allí a rebuznar; aquí no se cometen excesos
que, en vuestros corazones, den lugar a formar procesos.

Procesos y debates
divierten poco aquí,
donde se viene a divertirse.
Que os den, para debatir,
capachos llenos
de debates y procesos.

Aquí no entréis, usureros avaros,
ávidos siempre de atesorar;
ladinos, holgazanes,
encorvados, chatos, que os contentaríais
con meter mil marcos en el bacín.
No os cansáis, perezosos de rostro flaco,
de meter en el capacho el dinero que amasáis.
¡Mala muerte tengáis de repente!

Rostro no humano
de tales gentes que son llevadas a otra parte
para que se lo rasuren;
esto, aquí dentro, no sería decente.
¡Fuera de esta casa,
rostro no humano!

Aquí no entréis, viejos que chocheáis
desde por la mañana hasta la noche, tristes y envidiosos;
tampoco vosotros, tercos revoltosos,
larvas*, trasgos, cortesanos de Dangier**,
griegos latinos, más temibles que los lobos;
ni vosotros, sarnosos, galicosos hasta los huesos;
llevad lobos a comer a otra parte,
cubiertos de costras, llenos de deshonor.

Entrad aquí, sed bienvenidos
y medrad todos, nobles caballeros;
pues éste es el lugar al que llegan bien las rentas,
con las que se puede mantener
a millares de vosotros, grandes y chicos.
Seréis mis familiares exclusivos:
rozagantes, festivos, alegres, lindos,
en general, todos gentiles compañeros.

Gentiles compañeros,
serenos y sutiles,
horros*** de villanía;
aquí están instrumentos
de la cortesía,
compañeros gentiles.

Entrad aquí los que, pese a quienes rezongan,
predicáis en su verdadero sentido el Santo Evangelio;
aquí dentro hallaréis refugio y castillo fortificado
contra el yerro hostil que tanto se esfuerza,
con su falso estilo, por envenenar al mundo.
Entrad, que aquí se funda la fe profunda
a los enemigos de la Santa Palabra.

La Palabra Santa
no se apague ya
en este lugar muy santo;
quedad cercados todos,
todas queden cercadas,
de la Palabra Santa.

Entrad aquí, damas de alta alcurnia;
entrad con coraje y alegría,
flores de hermosura y celestial rostro,
de busto erguido, talante honesto y juicioso.
En este paso está el descanso de honor.
El gran señor que de la casa fue donador,
para vosotras la ha arreglado,
y, para pagarlo todo, oro bastante ha dado.

Oro dado en premio
manda se perdone
a quien lo da,
y bien galardonada
al mortal discreto,
premio dado en oro.

* Nombre que daban los antiguos a ciertos espíritus o genios del mal que, según ellos, se deleitan en atormentar a los hombres.

** El marido celoso del Roman de la Rose.

*** Decíase del esclavo que alcanzaba la libertad.

De la selección editada por Orbis. 1982.

Traducción cedida por Bruguera.
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