Los Cables Submarinos de Rudyard Kipling. Versión de M. M. C.

Se disuelven sobre nosotros los restos de los naufragios; de lejos gotea su polvo:

hacia lo oscuro, hacia la absoluta tiniebla, donde habitan las ciegas y blancas serpientes marinas.

No hay rumor, no hay ni el más leve rumor en los desiertos abismos,

ni en las grandes, grises llanuras de fango, donde se arrastran los cables, cubiertas de conchas.

Aquí, en la entraña del mundo, en las costillas que atan la Tierra,

las palabras, palabras del hombre, revolotean, y tiemblan, y laten –

aviso, tristeza, ganancia, alegría y saludo –,

pues, sin voz ni pies, una Fuerza turba la Calma.

A lo intemporal despertaron, y han dado muerte al Tiempo, su padre;

en la sombra enlazando las manos, de los últimos rayos del Sol les separa una legua.

¡Silencio! Los hombres hablan hoy día sobre el yermo del limo más hondo,

y entre ellos corre una nueva Palabra: “¡Unámonos!”, dice, muy quedo.

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