Y esto hizo Dante por Ray Bradbury según Elisa M. Ferreira.

 

 

Y esto hizo Dante

 

Esta es la verdad:

Que hace mucho tiempo, en otras épocas,

Antes del nacimiento de la luz,

El viejo Dante Alighieri se acercó en sus merodeos

Al continente desconocido por Colón el loco;

Aterrizó aquí en una serpentina y tortuosa Máquina,

Invento de la parpadeante candela de su espíritu

Que, envuelta en la tempestad,

Le trajo a cumplir una misión de maldad.

Así, descendiendo en un desierto de polvo

Recorrido por las estampidas de los búfalos

Cuyo pánico era el latido de un inmenso corazón,

Dante miró a su alrededor, hirió la tierra con su pie,

Pisoteó los trémulos pedernales

Y conjuró un Circulo Infernal.

Con un pergamino que estrujaba en su puño crispado,

Hizo surgir baluartes de suciedad,

Y arcos de chirriantes engreanajes que, al ser golpeados,

Desprendían como una nevada una horrenda sementera de herrumbre

Mucho antes de que se soñasen, se fabricasen o se sembrasen

Estas simientes de hierro,

Mucho, mucho antes de que se buscasen

Estas avenidas de acero en el cielo.

Así, como un Piranesi extraviado

En medio de sus terribles prisiones altaneras,

El Poeta diseñó una Atalaya más grande, más alta, más negra,

Un desierto de Profundidades, rociado de azufre,

ensombrecido por demonios.

De mansión a mansión de chatarra

Embadurnó un cielo con carbonilla,

Colgó banderas de tizones en las nubes,

Camisones que aleteaban como extraños murciélagos

Expulsados por el vapor de sus melancólicos túneles de locomotoras.

Sobre todo aquello esparció gritos de carne metálica,

Y por la noche avanzaron a la carga máquinas mastodónticas,

Eructando almas absorbidas

Refugiadas en celdas con ventanas.

Echados a unas calles como riadas de cemento,

Los hombres huyeron de la pleamar de la sombra,

Del negro aliento de las chimeneas y de lo telones de fantasmas humeantes.

Y en el rostro de los pálidos ciudadanos

Iba estampado el más puro terror,

La desesperación y el pánico de hendidas pezuñas,

Una rancia, delirante angustia que se extendía en oleadas

A desaguar en un lago, amargo desde largo tiempo

Por las corrientes residuales de porquería.

 

 

Así concebido, pasando a pergamino y diseñado

En sus grandes líneas, este Círculo infernal (¡Qué

importa su número!)

Fue el más grandioso recuento que hizo Dante

De las Almas en los tormentos de Purgatorio.

Quedó un momento más de pie en el polvo,

Dejó que el aterrado pálpito de la carga de búfalos

Halagase su sangre para exitarla.

Luego, sacrílegamente orgulloso, feliz con el gran Juguete Negro

Que había acuñado, fabricado, puesto en marcha y soltado a correr

En hollados círculos concéntricos,

El viejo Dante despegó de la tierra,

Dejó allá abajo la pisoteada orilla del lago,

Voló rumbo a Florencia y a su lecho,

Y se acostó, todavía sonriendo en sueños,

Y en su sueño pronunció, siglos antes de su nacimiento

El Nombre de este Abismo, el Pozo, el Círculo Infernal

 

 

Que había fabricado:

 

¡CHICAGO!

 

Entonces se quedó dormido

Y se olvidó de su creatura.

 

 

Tomado de la Antología realizada por Harry Harrison en 1962. Traducción de Elisa M. Ferreira por acuerdo con H. H. Edaf. 1979.

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