Mari Purra de Pedro Alonzo Retamal

MARI PURRA

En la helada cuna de las cumbrerías,
arropado por las tempestades,
defendido por los negros abismos,
entre besos telúricos y relámpagos
nació Trununñan.

Ese día las águilas se regocijaron
y la nieve alzó su copa fría;
para verlo mejor, se empinaron los picachos
y el “mañke”, esparció la noticia
en vuelo dirigido.

Trununñán era el dios de la montaña.

Podía transformarse en suave brisa
o desatarse en huracán.
Su mano era capaz de acariciar una “rayén”
trizar el glacial,
empujar el alud.

Su voz era una carcajada derrumbándose en truenos
y su mirada constelaba la noche araucana
de pie veloz entre las peñas;
guanaco, a veces.
cuando quería pasar los abismos,
sus brazos se volvían alas,
y, entonces,
o era águila,
o cóndor,
o viento inusitado.

Cuando España llenó la tierra de galopes
y las espadas empezaron a trazar mapas en las arenas
para repartirse el territorio,
y todo fue relinchos, sudor y polvo,
el “kull kull” lanzó su ronca clarinada
y lanzas y flechas
empezaron a reunirse bajo los “coyam”.

Entonces fue cuando Trununñán bajó
venía vestido de guerrero
y toda su figura era reluciente y elástica.

Dirigió las acciones de la guerra,
estaba en todas partes,
atisbaba desde las hojas,
su lanza era la primera en llegar
y su grito taladraba el aire.

Por eso fue que el enemigo
lo buscó con odio calculado…
hasta que un día lo emboscaron.
Uno a uno fueron cayendo
sus mocetones escogidos;
pero siguió solo,
de árbol en árbol;
saltó esteros,
cruzó ríos turbulentos
en su carrera a la “wingcul”.

Allá, de peña en peña, ganó la cima,
se transformó en guanaco,
en águila veloz,
y, acosado al fin,
dejó las madrigueras de la nieve
y se lanzó al fondo de la quebrada
a volverse “vilu”.

Cuando lo descubrieron,
tembló la montaña,
rugió el huracán,
se descolgaron los aludes,
se derrumbó la noche fría en grandes truenos,
y las águilas ensombrecieron el alto cielo
y todo fue amenaza,
reino de furias,
gigantesco aluvión.

Al volver la tranquilidad,
la serpiente se había plateado
y vuelto líquido su cuerpo.

Desde entonces el Trununñán
baja atisbando el valle,
saltando, serpenteando
a cumplir una cita con el mar.

Después,
en los brazos del viento,
vuelven aladas sus aguas
a las frías cumbres,
donde tienen su cuna los cóndores.

GLOSARIO
Mari purra: dieciocho
Trununñán: Nombre de un río.
Mañke: cóndor.
Rayén: flor
Coyám: roble
Vilu: serpiente
Wingkul: cerro

Del libro “Epu Mari Kiñe Ülcatun” publicado en 1969.

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